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Desde que Hayek escribió “Camino de Servidumbre” (allá por fines de los años 30) mucha agua corrió bajo el puente de la ciencia económica. El mismo Hayek evolucionó en su pensamiento y escribió muchísimo hasta su muerte en los 90. Pero básicamente los fundamentos de su doctrina permanecen intactos. Esto lo digo porque muchos piensan que el liberalismo austríaco es el liberalismo de Adam Smith y...se equivocan de cabo a rabo.
Ahora si, formulada esta apreciación paso a los temas de mi título. Muchos de ellos (la mayoría) ya los traté en mensajes pasados. En especial lo que significa la mal llamada “competencia perfecta” supuesto modelo que todos los intervencionistas y aún los liberales modernos critican (por diferentes motivos) y que en manera alguna resulta asimilable a la economía de mercado como lo presentan sus detractores. No existe en la vida real ninguna competencia perfecta y no puede ser objetivo de ninguna economía. Si el ser humano es imperfecto, la economía, que es una ciencia social, y por ende inventada por el hombre, menos aun puede ser perfecta. Hablar de “competencia perfecta” es una tontería intelectual si se piensa en la vida real. Muchos economistas dicen que “Sin embargo la realidad indica que la pauta, el patrón de desarrollo industrial en occidente era y es que el número de firmas que participan en una industria al cabo de un tiempo llega a su máximo y en adelante se produce un descenso hasta llegar a un punto de estabilidad con algunos pocos participantes.” Bueno, creo que hemos llegado a un punto donde hemos caído en un circulo vicioso y retornado de alguna manera al punto de partida. Hablan de la “realidad” y ya hemos debatido al respecto. La “realidad” de la que hablan dichos analistas es la de un mundo donde hace 4000 años se practica el intervencionismo y no la economía de mercado (como bien lo explican Robert L. SCHUETTINGER y Eamonn F. BUTLER en el libro titulado “4000 Años de Control de Precios y Salarios. Como no combatir la inflación”. Prólogo por David L. Meiselman. Primera Edición. The Heritage Foundation. Editorial Atlántida. Buenos Aires.) Cualquier contrastación empírica que se realice difícilmente podrá coincidir con lo que explica la teoría austríaca de economía del mercado. En el mercado libre, es cierto, la teoría explica que nadie controla los precios, pero para comprobar si la afirmación anterior resulta verdadera necesitaríamos tener la evidencia, el ejemplo de un mercado libre. No me gusta ser reiterativo pero, no la tenemos. La fórmula económica actual es como sigue = Política económica contemporánea =30% liberalismo + 70% socialismo = 100% intervencionismo. Esta ecuación se cumple en mayor o menor medida a nivel mundial (con matices) desde el año 1914 en adelante. Pero se cumple. De manera tal que nos resulta imposible verificar empíricamente en los tiempos que corren si nuestra teoría es correcta. Sabemos que es correcta por el estudio y el razonamiento lógico de los distintos teoremas que están implícitos en la acción humana (conforme lo expuso Ludwig von MISES en La Acción Humana. Tratado de Economía. Tercera edición revisada. Unión Editorial S.A., Madrid, 1980 a lo largo de sus 1302 páginas). Pero, si no dejamos funcionar al mercado ¿cómo podemos saber cual va a ser su comportamiento en la práctica?. Es como aquel niño que nunca probó un plato y lo rechaza porque PIENSA que no le gusta. Eso ni mas ni menos es lo que pasa con el mercado, el liberalismo, el capitalismo. El niño son los pueblos, el plato es el liberalismo. Decimos que no nos gusta sin haberlo probado. Y cuando lo hemos querido probar lo hemos sazonado tanto, le hemos puesto tantos ingredientes ajenos, tantos aderezos, tantos picantes, edulcorantes, sales, pimientas, etc. que cuando queremos probarlo su gusto nos resulta repugnante. Es incomible, indigerible. El ejemplo es perfecto. A ese adefesio de plato culinario lo llaman, el 99,99% de los políticos, periodistas, intelectuales, economistas de hoy, liberalismo y/o capitalismo. Es el “liberalismo realmente existente” del que se habla hoy. Es la “parodia de liberalismo” de la que hablo yo. En resumen, todo parece reducirse a una cuestión terminológica. Liberales y antiliberales, capitalistas y anticapitalistas en el fondo seguimos sin hablar de la misma cosa. A pesar del aparente acuerdo que señalan, nuestro punto de divergencia reaparece porque la gente intenta asimilar “la realidad” que ven los analistas económicos y políticos que señalaba al comienzo al “liberalismo realmente existente”. Y no es así. Que una industria se desarrolle mientras otra disminuya hasta desaparecer en manera alguna es malo si ello es producto de un mandato del consumidor. La economía de mercado tiene por objeto el consumo no la producción. La producción es un medio mientras que el consumo es el fin en la economía liberal. En la economía liberal rige la soberanía del consumidor. Mientras el consumidor esté bien provisto de todo lo que necesita y a un precio razonable, resulta irrelevante, a los ojos de los economistas austríacos, si los bienes y servicios que se le proveen provienen de uno o muchos productores. Lo que el mercado necesita es mucha producción, no muchos productores. Pero como dijo Say “toda oferta crea su propia demanda”. Y en ello no se equivocó hasta hoy. ¿Barreras de entradas? Si las impone el consumidor hay que respetar su voluntad. Pero ¿que indica la “realidad” de los analistas económicos y políticos actuales? Que las barreras de ingreso a una nueva industria son impuestas por los gobiernos o por otros productores ayudados por los gobiernos (políticos, funcionarios, empleados burocráticos, como guste llamarlos, uno o muchos). ¿Cómo? Mediante legislación que establece cupos o cuotas de producción, barreras arancelarias, precios máximos o mínimos, impuestos progresivos, empréstitos internos o externos, inflación, mayor gasto público, tipos de cambio fijos o fluctuantes, exenciones fiscales, promoción industrial, más o menos moneda, etc. (La mil y una formas que tienen los gobiernos en intervenir en la economía) El consumidor en el liberalismo es el soberano absoluto. Él indica cuantos productores necesita el mercado. En el socialismo y sus parientes cercanos (intervencionismo, socialismo, socialdemocracia, sindicalismo, colectivismo, fascismo, nazismo, anarquismo, etc.) los que mandan en el mercado no son los consumidores. Pueden ser dos sujetos, según el régimen: o los mismos productores empeñados en perjudicar a sus competidores para lo cual necesitan del aparato de fuerza y compulsión que es el gobierno, o, por otro lado, los mismos políticos encaramados en el gobierno que deciden por sí y para sí quienes producirán y quienes no. Esta es tu “realidad” amigo lector, mi “realidad”, nuestra “realidad”. Dejemos de criticar una economía inexistente. A diario vemos como las secretarías de planificación económica, ministerios y gabinetes económicos de los gobiernos del mundo (incluidos los nefastos FMI, Banco Mundial, etc.) deciden cuánto, qué, cómo y dónde producir, y quienes lo harán. Nada de ello tiene que ver con el liberalismo. El consumidor deja de mandar para pasar a obedecer los dictados del dios burócrata apoltronado en su sillón de funcionario, rodeado de sus asesores, custodias, secretarias, choferes, coches, etc. que todos pagamos para que él nos gobierne y decida por nosotros. Esta es tu “realidad”, mi “realidad”, nuestra “realidad”. ¿Por que se produce esto? Hay dos respuestas posibles. Mala fe o ignorancia. Cada uno puede elegir la que quiera. Estos son los dos motivos posibles por los cuales se critica al liberalismo: mala fe o ignorancia. Hablar vacíamente de “causas inherentes, orgánicas, naturales al sistema económico” es hablar de nada. Son palabras vacías a las que se le debe dar contenido para continuar el debate. Caso contrario no significan nada ¿cuáles son, cómo se presentan, por qué aparecen?. En el liberalismo, cuando gobierna el consumidor, éste elige qué empresas o industrias se desarrollarán y crecerán. Cuando gobiernan los políticos (el estado, gobierno, parlamento) los que toman esas decisiones son los funcionarios pero no el liberalismo. Podemos elegir a quienes queremos que lo hagan. Yo prefiero que el consumidor elija y no el productor ni el gobierno amparándolo. Por eso soy liberal. Por eso estoy con la economía de mercado. Porque soy consumidor y como liberal defiendo al consumidor, al hombre común, al pueblo, al llano, al que trabaja. Ser liberal es ser y estar con el pueblo. Las industrias se desarrollan, crecen y desaparecen por decisión de alguien. Los sujetos que eligen son los mencionados. Nada en el mercado o fuera de él ocurre por obra y gracia del Espíritu Santo ni por fuerzas automáticas y mecanicistas. Los que deciden son hombres de carne y hueso. Lo que cambia es donde están ubicados. Ubicados desde el poder, deciden por todos nosotros. Ubicados en el llano todos decidimos y nadie ejerce influencia sobre nuestras decisiones. Hay un requisito más en el liberalismo: todas las decisiones deben ser respetadas. Respetadas por los otros consumidores y por los gobiernos. Una decisión controla a la otra. Por eso, es otra mentira lo que se dice que en el mercado no hay controles. Si los hay. Todos nos controlamos. Pero ese respeto hoy en día es lo que no ocurre. Amigos convénzance, la “realidad” de la que se habla hoy día con recurrencia, nada tiene que ver con el liberalismo, la economía de mercado, el monetarismo, la escuela austríaca, el neoliberalismo o como a cualquiera le guste llamarlo. En una economía liberal no todas las industrias se desarrollan, es verdad. Se desarrollan solamente las que satisfacen los deseos del consumidor. Y todos somos consumidores. En una economía intervenida o socialista tampoco todas las industrias se desarrollan o pueden ingresar al mercado, pero no ya por decisión de los consumidores sino de los señores burócratas, unos pocos que deciden por todos nosotros y de los cuales nos convertimos en sus esclavos. Entre los dos sistemas yo opto por el primero, el de la libertad. La mayoría de nuestros congéneres en casi todas partes del mundo han optado por el segundo. Estas ideas surgen en gran parte de la lectura de Alberto BENEGAS LYNCH (h);“Fundamentos de Análisis Económico”, 9º edición, Abeledo Perrot, Buenos Aires. Un abrazo al foro. Gabriel. -------------------------------------------------- |
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